Son veterinarios y atienden gratis a animales de la calle: dos historias que concientizan sobre su maltrato y abandono
Dos veterinarios diferentes: Alicia y Rodolfo rescatan animales de las calles y ayudan a todos los que pueden.

Ella vive en Moreno y él en San Juan. No se conocen, pero los une la profesión y el amor por los animales. Ambos se recibieron de veterinarios y decidieron llevar adelante una misión solidaria: rescatar aquellos animales que viven en las calles poniendo a disposición sus conocimientos y todo lo necesario para sanarlos.

Preocupados por la creciente superpoblación de animales en los centros urbanos -los cuales son abandonados en cajas apenas nacidos o descartados en estado moribundo- las historias de la médica boanerense Alicia Barreto y del doctor sanjuanino Rodolfo Dallazuana acortan la distancia y se encaminan detrás de objetivos comunes que dejan en un segundo plano el rédito económico de la vocación.

Y así como Alicia decidió invertir la plata de una indemnización para comprar un terreno en la localidad de Francisco Álvarez para armar un refugio, Rodolfo muchas veces saca plata de su bolsillo para castrar a los animales de gente de bajos recursos que ni siquiera pueden pagar la consulta.

Todo lo hacen con amor y sin recibir nada a cambio. Sueñan con que algún día los refugios dejen de ser necesarios y con que se pueda crear conciencia en los niños sobre el abandono y el maltrato animal.

Es tan sorprendente el trabajo que realiza Dallazuana que los proteccionistas de su ciudad decidieron proponerlo para que fuera declarado Ciudadano Ilustre, mientras que Barreto es reconocida por ser la heroína de los animales gerontes y discapacitados. Cada uno por su lado, pero ambos muy queridos y reconocidos en sus comunidades.

La veterinaria que abrió un refugio para salvar animales de las calles

Alicia Barreto es veterinaria, rescata animales desde niña y en 2006 fundó su propio refugio.
Alicia Barreto es veterinaria, rescata animales desde niña y en 2006 fundó su propio refugio.

Alicia Barreto se confiesa amante de los animales desde pequeña y en diálogo con Infobae recuerda que el sueño de su infancia era cuidarlos. Como si hubiera decidido su destino con una regla de tres simple estudió veterinaria con ese único objetivo.

«Empecé a rescatar perritos en el barrio y llegaba a tener 5, 6, 7 perros en mi casa. Mis papás un poco me lo bancaban porque también les gustaban. Pero llegaba el momento en que tenía que darlos en adopción y tratar de ubicarlos era toda una situación», recuerda.

«A los 12 años hice clic ante una situación que marcó mi vida: tenía un perrito que se llamaba Malik y aparentemente lo envenenaron… Se murió en mis brazos… En ese momento me dije: ‘¡Yo le voy a dedicar mi vida a ellos!’. Fue una especie de promesa que iba a durar toda la vida, porque ya tengo casi 62 años», revela.

El relato de Alicia es acompañado por el recuerdo de ese perro que quedó en su corazón y que marcó su camino. «De hecho estudié veterinaria y me recibí, pero siempre con la idea de tener un refugio. Así que los primeros años me resultaron difíciles porque no encontraba la vuelta. Si bien tenía animales rescatados en mi casa, no sabía cómo hacerle bien a más animales«, confesó.

Aprani, el refugio de Alicia. Así pasan los veranos los perros en el refugio que fundó Alicia, en Moreno.
Aprani, el refugio de Alicia. Así pasan los veranos los perros en el refugio que fundó Alicia, en Moreno.

Al terminar la carrera trabajó de su profesión en relación de dependencia hasta 2006. «Tenía que tomar una decisión: si seguir trabajando como veterinaria en un laboratorio farmacéutico o encarar otro tipo de vida. Y decidí hacer el cambio».

Escuchando a su corazón utilizó el dinero de la indemnización y compró un terreno en Francisco Álvarez. «Ahí sí pude llevar a los animalitos y hacer más estructuras que no son caniles… porque en Aprani, mi refugio, ellos están libres y felices». Además rescató chanchos, pollos y conejos. Todos conviven en armonía y total libertad, según detalló.

Pese a su labor, la gran preocupación para Alicia son los cientos de animales que viven en las calles de su barrio y alrededores, muchos en «estado deplorable».

La cifra de animales en la calle es exorbitante. Se estima que solo en Buenos Aires hay entre 6 y 8 millones de perros y gatos que viven y mueren sin un hogar. ¿A qué cree que se debe?

—Aquí en Moreno hay es un Centro de Zoonosis donde esterilizan animales, pero no lo suficiente. Es como si fueras, por ejemplo, en un bote que se está llenando de agua y sacás el agua con un dedal… O sea, se castran tan pocos animales y el problema en vez de disminuir crece porque la reproducción es tan exponencial que no se logra resolverlo.

El Colegio de Veterinarios de alguna manera política se opone a las castraciones en Centros de Zoonosis o a las castraciones masivas

¿Cómo se soluciona la superpoblación de fauna urbana? Hay más animales que personas dispuestas a adoptarlos…

—Por año hay que castrar, como mínimo, el 10% de la población de animales que existen en el distrito que se esté tratando. Está calculado que en una población como Moreno, por ejemplo, de 600 mil habitantes debería haber un 30% de animales, o sea 200 mil. Esto significa que habría que castrar a 20 mil animales al año. Imagínate que es una cifra enorme: en un mes se deberían realizar 2 mil castraciones, o sea 500 por semana. ¿Sabés cuántas se están haciendo? ¡15! Y no hablemos solamente de Moreno porque esto pasa en todos los distritos.

Sabiendo que las esterilizaciones se tratan de una política de salud pública ¿por qué cree que no se actúa? ¿qué está fallando?

—Por un lado es una cuestión económica. Los hospitales de personas están desabastecidos, imaginate con los animales. El problema es que no se entrega la anestesia necesaria (ketamina), no entregan el sedante que se pone previamente, no entregan materiales de cirugía… Entonces un poco es por falta de insumos, pero también es porque el Colegio de Veterinarios de alguna manera política se opone a las castraciones en Centros de Zoonosis o a las castraciones masivas. El Estado no lo está haciendo y tampoco deja que las ONG lo hagan. ¡Es terrible!

Consciente de las necesidades que pasan los animales, la médica lleva adelante el refugio Aprani, en Moreno, y allí pasa sus días. Además, brinda servicios para animales gerontes y discapacitados.

Por año hay que castrar, como mínimo, el 10% de la población de animales que existen en el distrito que se esté tratando

«Aquí el dinero siempre falta —confiesa—. Además, debido a la necesidad que fue surgiendo con el tiempo, tanto en el refugio como en el barrio hoy tenemos un cementerio de animales. Hace años llegaba gente pidiendo un espacio donde pudiera dejar descansando a su animal fallecido y así surgió la idea del cementerio Jardines del alma.  Además, brindo un servicio de geriatría, que es chiquito y lo atiendo personalmente porque me gustan los viejitos y los lisiados. Y hay gente que se entera de que tenemos un manejo especial con ellos y pagan una mensualidad para que sean atendidos».

Su deseo es seguir ayudando animales, pero anhela que un día los refugios dejen de ser necesarios ya que ello significaría que no habría animales en las calles necesitándolos.

El veterinario solidario de San Juan

Roberto Dallazuana fue declarado ciudadano ilustre de la ciudad de San Juan en reconocimiento a los valores que como veterinario practica y fomenta (Diario Móvil San Juan)
Roberto Dallazuana fue declarado ciudadano ilustre de la ciudad de San Juan en reconocimiento a los valores que como veterinario practica y fomenta (Diario Móvil San Juan)

Desde hace tres décadas, Rodolfo Dallazuana ejerce con pasión su profesión y una vocación que nació con él, según admite. Es tan sorprendente el trabajo que realiza que los proteccionistas de su ciudad decidieron proponerlo para que fuera declarado Ciudadano Ilustre, gesto que ante tanta humildad hasta lo avergonzó.

«Mi vocación de ser veterinario viene desde muy niño, siempre me gustaron los animales, se ve que eso lo tenía bien marcado porque nunca cambió mi deseo de cuidar animales por estudiar veterinaria. Cuando era chico cuidaba palomas, tanto así que me habían bautizado ‘el loco de las palomas’ porque pasaba todo el día con ellas. Después terminé la secundaria muy chico, a los 16 años ingresé a la facultad y me dediqué de lleno a los animales».

Problemas que afectaron su salud hicieron que la carrera de veterinaria tuviera algunas interrupciones, pero con esfuerzo y dedicación se recibió en La Esperanza, provincia de Santa Fe. «Ahí tienen un hospital escuela y se realizan muchas practicas en las que se ayuda mucho a los animales. Creo que allí surgió mi deseo de proteger a los animales de la calle y también el de agradecer a la comunidad por mi educación pública, porque me he formado en los tres niveles en la educación pública gratuita».

—¿Cómo le agradece a la comunidad la educación que recibió?

—Me parecía que tenía el deber de devolver a la comunidad algo de lo que me me había dado, porque a través de los impuesto ha contribuido para que me formara como profesional en la educación pública. Entonces lo hago ayudando animales de la calle, cobrando poco o no cobrando a la gente humilde.

Tenía el deber de devolver a la comunidad algo de lo que me ha dado para que yo me formara en la educación pública. Lo hago ayudando animales de la calle, cobrando poco o no cobrando a la gente humilde

En mayo de 2018, el Rotary Club de San Juan distinguió al veterinario Rodolfo Dallazuana por la “Excelencia Profesional”
En mayo de 2018, el Rotary Club de San Juan distinguió al veterinario Rodolfo Dallazuana por la “Excelencia Profesional”

Dallazuana está relacionado con todos los proteccionistas de su ciudad, y buena parte de la provincia. Fueron ellos quienes lo propusieron para que fuera reconocido como Ciudadano Ilustre. «El evento se realiza anualmente por el aniversario de la fundación de San Juan y me dieron ese honor, cosa que me dio mucha vergüenza porque soy de muy bajo perfil», admite tímidamente. «Tener este reconocimiento ha sido como un premio al alma. También me dieron un reconocimiento en el Rotary Club con el premio a la Excelencia Profesional«.

«Estos reconocimientos me ayudan a seguir luchando y a saber que lo que se está haciendo, dándoles una mano a ‘los sin voz’ -como les llamo-, a los cuatro patitas, no es en vano», se justifica.

—Lo premiaron por sus valores morales, más allá de su excelencia profesional. ¿El mérito es doble?

—Pienso que hay muchos excelentes profesionales en todos lados… y que quizás ha sido un poco la honestidad y el dar todo lo que puedo brindar a los animales lo que hizo que los proteccionistas me distinguieran.

—Usted es conocido por su accionar solidario, ¿le han dejado animales abandonados en la puerta de su veterinaria esperando que los ayude?

—¡Si! Toda la vida. Tanto perritos abandonados, gatitos, cajas de animales recién nacidos, animales agonizando…

—¿A qué cree que se debe ese abandono?

—A la falta de educación con respecto a este tema, que es una de las cosas que vengo pregonando. Hay que estimular, educar a la sociedad, enseñar y concientizar sobre la reproducción. Por suerte, el gobierno de San Juan a través de los municipios está haciendo muchas esterilizaciones. Y además  hay organismos, como Salud Pública y Medioambiente, que tienen quirófanos móviles y hacen recorridos operando en distintos puntos de la ciudad. Pero no es suficiente. Por un lado hay que seguir aumentando el número de esterilizaciones y, por otro, concientizar a los niños en las escuelas para que vayan entendiendo la importancia de la vida del animal, de lo que es el abandono, el maltrato y explicar que el animal no se lo merece.

En plena labor en la veterinaria “Mayo”. Allí atiende a muy bajo costo y en miles de casos, gratis, por su genuino amor a los animales.
En plena labor en la veterinaria “Mayo”. Allí atiende a muy bajo costo y en miles de casos, gratis, por su genuino amor a los animales.

El veterinario más querido de San Juan, sostuvo que la falta de esterilización es un tema de salud pública preocupante por el cual «tenemos que educar desde las bases para que eso se vaya combatiendo».

Dallazuana espera que en la provincia de San Juan se cree un Hospital Público Veterinario para ayudar a los animales que tanto lo necesitan

 —Actualmente, en Argentina hay cerca de 20 millones de perros y gatos que nacen, viven y mueren en las calles ¿cómo cree esto puede revertirse?

—Justamente con educación en las bases. Dándoles charlas a los niños ya desde el jardín de infantes, a modo de juego,  y empezar a crear conciencia en ellos porque cambiar las ideas de los adultos es muy difícil. Entonces habría que empezar con las edades más tempranas, concientizarlos para en el futuro ver los frutos y quizás llegar a tener un control profesional.

Angustiado por el presente de los animales que tanto ama, asegura: «La situación actual es muy preocupante. Ya no nos está alcanzando. Todo lo que yo he hecho por los animales ha salido de mi bolsillo, no es que vengo de una familia pudiente. Llevo una vida con lo mínimo y he ayudado con lo que he podido, pero en este último tiempo se nota cada vez más la concurrencia de gente que no puede ir a otra veterinaria y que llega pidiendo ayuda. Y yo los ayudo hasta donde puedo».

El veterinario solidario ruega para que «algún día se llegue a crear un hospital veterinario público acá en la provincia».

«Ahora están las propuestas de los candidatos… espero que se haga el hospital por lo menos para ayudar a los animales abandonados. Anhelo que se concrete porque es muy necesario para controlar a los animales que están en las calles. Yo, lamentablemente, no puedo hacerme cargo de todos y cada vez hay más por la situación económica».

—Usted piensa diferente a la mayoría de sus colegas…

—¡Nunca me lo han hecho saber, pero supongo que debo ser muy querido! Me duele si están enojados conmigo, pero creo que como salud humana tiene que haber ayuda para la gente que no puede pagar o a los animales que están abandonados. Quisiera creer que ellos se dan cuenta que hace falta crear un hospital público para ayudar, porque el egoísmo de cada profesional que quiere ganar más no tiene en cuenta que hay animales enfermos en la calle. Incluso, con enfermedades que pueden pasar al hombre.

Antes de finalizar, el veterinario vuelve al sueño del hospital público para animales: «Si no lo puedo lograr yo, igual voy a estar feliz si en un futuro los jóvenes se suman a algo tan lindo como es ayudar a nuestros verdaderos compañeros de la vida«.

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