Estamos en pleno 2020 y me he enganchado cosa mala a ‘World of Warcraft’
Estamos en pleno 2020 y me he enganchado cosa mala a ‘World of Warcraft’

Tecnología

Recuerdo que cuando era pequeño (partamos de la base de que tengo 25 casi 26 años), algunos amigos de mi grupo solían quedar los fines de semana o después del instituto para ir al «cyber» a jugar a los videojuegos. Uno de los que causaba furor era, además del ‘Counter Strike‘, el ‘World of Warcraft‘. Hablamos de… 2006 o 2007, cuando servidor tenía entre 13 y 14 años. Me decían que estaba chulo y que era divertido, pero siempre me resistí a probarlo porque, en fin, abro paraguas, siempre he sido de consolas.

Además, el ‘WoW’ ha cambiado poco o nada en lo que a monetización se refiere. En un mundo lleno de títulos free to play, llenos de micropagos y anuncios, ‘World of Warcraft’ es un juego que te pide comprar la expansión correspondiente y, para más inri, pagar una suscripción mensual (o trimestral o semianual) para poder jugar. Si no pagas, no juegas. ‘World of Warcraft’ es un rara avis en el sector de los videojuegos, se mire por donde se mire. Pues me he enganchado.


He caído en las redes del ‘Wow’

World Of Warcraft 1 Servidor acompañado por sus bestias.

Pero no «enganchado» de jugar un ratito los fines de semana, no. «Enganchado», nivel: le he echado más horas al ‘WoW’ en un mes y pico que las que le echado a muchos juegos triple A. En un mes y medio, más o menos, he jugado tres días y 11 horas, 83 horas en total, casi dos horas al día. No me preguntéis cómo es eso posible, pero ha habido sábados y domingos que me he levantado con el ‘WoW’ y me he acostado con el ‘WoW’.

Y el asunto está en que no es un juego que destaque por sus gráficos o su jugabilidad, más bien todo lo contrario. Los gráficos poco o nada tienen que ver con los que se ven en el mercado (quiero decir, ¿habéis visto cómo se ve ‘Cyberpunk 2077‘?) y los controles son poco intuitivos, complicados hasta la saciedad y con una curva de aprendizaje muy inclinada. Vamos, que se ríe del 37% de inclinación de Canton Avenue, la calle más empinada del mundo.

Mi personaje es ‘Dextro’ (la historia del nombre la dejamos para otro día, porque es un poco turbia), un goblin de nivel 120 que empezó siendo Cazador Puntería y que, al cabo del tiempo, y cuando ya me había aprendido todos los controles y mecánicas, mutó a Cazador Bestias. Mis dos acompañantes son dos Demosaurios: Oondasta y un dinosaurio rojo que sé que tiene un nombre, pero por favor, hay 600 millones de nombres en el ‘WoW», no me pidáis que recuerde el de este dinosaurio en particular.

Por la horda, siempre

Pero empecemos por el principio. Mis amigos me convencieron para jugar en la fiesta de fin de año. A los pocos días, descargué el juego para catarlo, porque para el que no lo sepa, se puede jugar gratis hasta el nivel 20. Básicamente, es un pequeño tutorial en forma de modo historia para que aprendas los controles, a invocar monturas, a interaccionar con los personajes, a equiparte, etc. Justo cuando llegar a Orgrimmar, que es la capital de la Horda y donde empieza la fiesta, ya estás a nivel 20, así que toca decidir qué haces, si pasas por caja o no.

Para seguir jugando necesitas pagar la suscripción (de 13 euros mensuales, menos si optas por un plan de más meses) y la expansión, en este caso ‘Battle for Azeroth‘, aunque ‘Shadowlands‘ está a la vuelta de la esquina y estoy seguro de que acabará cayendo. Cuando compras la expansión, Blizzard te regala una moneda para subir al personaje actual o a uno que crees nuevo (lo que descubrí que se llama «alter», de «personaje alternativo») a nivel 110. El máximo es 120. Evidentemente, se lo di a mi fantástico goblin, y así empezó el principio del fin.

Jugar al ‘WoW’ debería convalidar un par de cursos de ingeniería aeroespacial

World Of Warcraft 9 Dominar eso no es sencillo.

Sabía que el juego era complicado porque, bueno, uno trabaja en el mundo de la tecnología, escribe de videojuegos de vez en cuando y habla con gente, así que me constaba que ‘WoW’ era toda una ciencia. Pero no imaginaba que tanto. Tened en cuenta que os voy a hablar desde el punto de vista de alguien que no ha jugado en su vida al ‘WoW’, por si acaso le pego una patada a algún concepto o algo por el estilo.

Más allá del equipamiento, que eso es algo de lo que hablaremos más adelante, lo primero que me llamó la atención es que hay un puñado de misiones en todos lados. Pero exagerado. 29.276, para ser exactos. Lo mismo vas por un bosque en tu montura y, sorpresa, hay una misión esperándote que te manda a matar ciervos, rescatar a no sé quién o hacer cualquier cosa aleatoria a cambio de unas monedas.

World Of Warcraft 10 El bueno de Jaga tiene una misión para mí.

Yo tuve la suerte de que mi grupo de amigos que juegan están en una hermandad, «Aullavísceras», y no dudaron en acogerme en su seno. Uno de ellos me dio la clave para saber qué misiones hacer y cuáles no: «abandona todas, abre el mapa y las que salgan con una exclamación amarilla, hazlas». Y claro, así uno juega de otra forma, no dando palos de ciego haciendo todas las misiones que se encuentra.

Subir a nivel 120, que es el máximo, fue relativamente sencillo. Básicamente, completando la historia de Zuldazar subes a nivel 120. Y puedes pensar «Ea, pues listo, ahora a reventar a los Alianzas». ¡Já! En absoluto. A pesar de estar a nivel 120, tu equipamiento es una castaña, así que cualquier jefe final o Alianza (u Horda, según dónde juegues) te mata de dos golpes. Tras completar el «modo historia», digámoslo así, tocaba [insertar banda sonora de ‘Tiburón’] aprenderse las rotaciones, mejorar el Corazón de Azeroth, conseguir «la capa» y las esencias y subir el ‘i-Level’. ¿Te has quedado a cuadros? Yo también.

Un amigo de la hermandad me mandó este vídeo y esta guía, y me dijo «eso es la Biblia, apréndetelo bien». En ambos documentos enseñan, entre otras cosas, cómo potenciar los atributos (a día de hoy sigo sin entenderlos demasiado bien) y a hacer las rotaciones. ¿Qué es una rotación? El combo de ataques, el orden en el que tienes que lanzar las habilidades para maximizar el daño, no agotar tu maná o enfoque, según el personaje, y estar siempre haciendo daño. Yo soy DPS (hago mucho daño y tengo poca vida), así que mi objetivo es pegar cuanto más, mejor.

Tengo la suerte de que los dedos los tengo entrenados porque me gano la vida escribiendo, pero madre mía. Tuve que remapear medio teclado para ponerme las habilidades al alcance de una sola mano, y es una locura. Os explico. Para un combo básico tengo que pulsar, en este orden, «º, Ctrl+2, 1, 3, 1, 4, 5, 4, 3, 4, 4, 1, 3, 4, 4», esperar a que vuelvan a estar las habilidades de Ctrl+1 y Ctrl+2, y repetirlo todo. Si estoy en una mazmorra, banda o PvP, hay que añadir después de las tres primeras acciones el Ctrl+3 y Ctrl+4 y, si es un jefe final de mazmorra o banda, el 2. No os miento si digo que los primeros días jugué con un post-it pegado al marco del monitor y con el combo escrito a mano para tenerlo siempre a la vista.

World Of Warcraft 6 Me he pasado horas pegándole al muñeco de entrenamiento para controlar la rotación.

Ahora ya me lo sé de memoria y lo hago de forma natural, así que estoy a la espera de que Harvard me llame para ofrecerme una beca o algo. Pero de nada sirve saberse la rotación si tu equipo tiene poco «i-Level», es decir, nivel de objeto. Porque resulta que cada pieza de equipo tiene su nivel, y lo ideal es que sea cuanto más alto, mejor. Pero no solo hay que mirar el nivel, sino que tienes que tener en cuenta qué atributos te potencia y los poderes de Azerita (una especie de potenciadores).

World Of Warcraft 3 Soy consciente de que me queda mucho por hacer.

Para conseguir el equipo, los chicos y chicas de mi Hermandad me suelen acompañar en las mazmorras y bandas, que son batallas contra la máquina. Son como misiones PvE con enemigos mucho más fuertes y jefes finales con dinámicas que algunas veces rozan lo absurdo. Ahí se consigue el equipo fetén. Yo pensaba que era pegarle al monstruo y listo, pero nada más lejos de la realidad.

Cada jefe tiene una mecánica, es decir, hace diferentes ataques y acciones según la fase de la batalla, y hay que sabérselas de memoria para saber cómo actuar. Por ejemplo, hay un dragón enorme (Wrathion) al que hay que pegarle de lado. En algún momento, desaparece y se va a una punta del mapa y lanza como unas llamas al suelo. Entonces, los jugadores deben moverse hacia el lado opuesto, a un espacio muy pequeñito, antes de que las llamas exploten y te hagan instakill (que te mueres de un golpe, vaya). Luego saca unos monolitos que hay que destruir antes de que pase cierto tiempo y vuelta a empezar. Y este es solo uno de los cientos que hay.

Cuanto matas al jefe, el bicho suelta equipo y puedes tener la suerte de que te toque algo que necesites. O no. O sea, ¿me estás diciendo que llevo media hora dándole golpes al dragón este y que no me llevo nada? Pues sí, la vida es así de injusta. Y eso engancha, porque esa mazmorra o banda es la que te permite conseguir el arco o las hombreras que necesitas, así que hay que repetirla hasta que caiga la breva.

En pocas palabras, en el ‘WoW’ no hay tiempo para aburrirse. Salvo cuando tienes que ir volando de un sitio a otro, claro. Siempre hay cosas que hacer, objetos que conseguir, mazmorras o bandas que completar, jugadores a los que matar y misiones diarias que hay que terminar sí o sí. Es un juego muy vivo, pero mucho, aunque va en caída libre. Según Statista, ahora mismo hay 5,03 millones de jugadores, nada que ver con los 12 millones que tuvo en su pico más alto.

Pero lo que de verdad me engancha es la comunidad

World Of Warcraft 2 La puerta de la subasta de Orgrimmar suele estar siempre llena de gente.

Pero más allá de las misiones, los jefes y las mazmorras, lo que de verdad me gusta de ‘World of Warcraft’ es su comunidad. Experiencias habrá tantas como jugadores, pero la mía, al menos durante este tiempo, no ha podido ser más positiva. Os pongo en contexto.

Llevo años jugando a videojuegos y, en los últimos años, le he echado muchas horas a títulos como ‘League of Legends‘, ‘Call of Duty‘ y ‘Battlefield‘, todos online. Lo que me he encontrado en estos y otros tantos juegos, por lo general, ha sido gente que se escuda en el anonimato y en sus mejores habilidades para insultar cuando fallas, criticar de forma totalmente gratuita, gritarte cuando lo matas o o burlarse de ti cuando te matan. He abandonado muchos juegos online precisamente por eso, porque no hay necesidad.

En el ‘WoW’, que ahí donde lo ves, con sus gráficos de la postguerra y más años que Matusalén, me esperaba algo parecido. Pero nada más lejos de la realidad. Desde el primer momento, los jugadores, incluso los desconocidos, me han ayudado siempre que lo he necesitado. Bastaba con preguntar una duda en el chat para que algún buen samaritano la resolviese. En mazmorras y bandas en las que veían que yo era de nivel bajo y estaba allí para conseguir equipo, los jugadores me regalaban lo que les había caído a ellos si a mí me venía bien. Y esto, que debería ser lo normal, me llamó la atención.

World Of Warcraft 5 Yo todavía no puedo volar en todos los sitios.

Ha habido un par de cosas que me han resultado hasta bonitas. Yo todavía no tengo «Abrecaminos de Azeroth» (un logro), por lo que no puedo volar en todo el mapa. Tengo que ir en la montura terrestre o usar los puentes aéreos, que dan más vueltas que un tiovivo. Las misiones diarias se reparten por el mapa e ir de una a otra andando lo mismo son 10 minutos de caminata.

Pues en una ocasión, justo cuando acaba de completar una misión y me dirigía a la siguiente, una jugadora (lo sé porque le dije «gracias, tío» y me dijo «tía xD») que estaba a mi lado me dijo «¿Necesitas que te lleve?» y me llevó a la otra punta del mapa. Ella no tenía que hacer la misión, pero dejó de hacer lo que tuviera que hacer solo para llevarme, y luego se fue a seguir con sus cosas. Y me pareció un gesto bonito, porque es esa camaradería la que hace que quieras seguir jugando y no te sientas rechazado.

En otra ocasión, hice una mazmorra y a un jugador le cayó una sortija que a mí me venía bien. No me di cuenta, salí de la mazmorra y me olvidé. Pues el jugador me habló por privado y me dijo que si quería el objeto. Le dije que sí e hicimos grupo (así puedes ver dónde estáis los dos en el mapa). En la otra punta. El jugador estaba, literalmente, en la otra punta del mapa. Pues vino hasta mi posición, me regaló el objeto, me deseó suerte y se fue. Podría haberlo vendido, pasar de mí o desecharlo, pero en su lugar, me buscó y me lo cedió.

Arco Todavía sigo peleando porque me caiga el arco…

Por supuesto, sobra decir que los jugadores de la Hermandad a la que pertenezco, en la que no solo están mis amigos del «mundo 1.0», ayudan en todo lo posible. Ellos son mucho más fuertes que yo, de lejos, por lo que las misiones, bandas o mazmorras que a mí me cuestan la vida ellos las hacen sin despeinarse. No les supone un reto y puede llegar a ser aburrido. Pues aún así, se van conmigo dos horas a echarme una mano.

Con todo, reconozco que también hay gente de lo más indeseable. En el ‘WoW’ puedes jugar con el «modo guerra» activado o desactivado. Si lo activas, te encontrarás a jugadores del bando rival por el mapa y, evidentemente, puedes intentar matarlos. Por lo general, hay una «norma no escrita» que dice que sí tú vas a tu rollo y yo al mío, no nos pegamos. Yo he estado rodeado de «alis» (de «Alianza») y no ha pasado nada, pero hay gente a la que bueno, mejor darle de comer aparte.

Lo peor que me ha pasado es cuando me campearon. Cuando mueres, tu espíritu sale en el cementerio y debes ir caminando hasta el cadáver para revivir en la misma posición. Campear consiste en quedarse escondido cerca del cadáver de un jugador que acabas de matar para que, nada más reviva, volver a matarlo. Seis veces. Seis veces me lo hicieron en 10 minutos. La otra opción es revivir en el cementerio, pero eso supone perder muchísima resistencia y daño. Si el jugador rival sabe dónde está el cementerio más cercano, puede ir a buscarte y matarte con todavía más facilidad. Debe ser muy divertido, supongo.

Pero sea como fuere, jamás pensé que me acabaría enganchando de esta forma a un juego que es de pago, que requiere pagar una suscripción, que se lanzó en 2004 y que pensaba que estaría muerto. Al contrario, es un juego vivo, con infinitas cosas que hacer y en constante evolución. En un mundo lleno de juegos rápidos, ‘WoW’ es lento, complicado, requiere paciencia, dedicación y mucho tiempo. No es un juego para jugar solo, o al menos así lo veo yo, sino que gana enteros cuando juegas con gente conectada a Discord.

Recordamos que este artículo forma parte de una sección semanal que publicamos todos los sábados en la que, con un tono más distendido e informal, abordamos temas relacionados con la cultura tecnología desde un punto de vista más personal. Dicho esto, mis dos Demosarios y yo os esperamos en Mecandria. Ahora, si no os importa, voy a ver si me cae el arco de Ny’alotha.

Goblin Lok’tar ogar!


La noticia

Estamos en pleno 2020 y me he enganchado cosa mala a ‘World of Warcraft’

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Jose García

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