A un año del culiacanazo
A un año del culiacanazo
El Cártel de Sinaloa realiza labores humanitarias entre población vulnerable y con ello compra protección (Foto: Archivo)

A un año de aquella tarde del 17 de octubre, en que literalmente se oscureciera el cielo de Culiacán, parece que las cosas no han cambiado mucho en temas de seguridad y crimen organizado. La vida civil cotidiana sigue sobreviviendo el temor y la violencia que ni la temerosa pandemia ha podido aminorar; las internas guerras de los grupos criminales están a la orden del día como siempre, se siguen presentando dolorosos casos de feminicidios, hay un incremento considerable de desapariciones, lo mismo de hombres que de mujeres, al mismo tiempo la localización de fosas clandestinas aparece cotidianamente en mayor cantidad, aumento en los secuestros y extorsiones a establecimientos y ciudadanos comunes.

Mucho se ha escrito y se ha informado desde aquel día, pero la realidad hace estragos en la vida aparentemente normal de los culiacanenses en términos de seguridad. Y es que no es fácil sobrellevar la existencia cotidiana sin mediar la zozobra a que nos empuja el complejo mundo criminal que se aparece a cada momento en diferentes formas. Secuestros, desapariciones, levantones, ejecuciones, extorsiones, exhibiciones de poder de jóvenes sicarios por las principales arterias de la ciudad.

Desde entonces se dejó entrever una escisión muy importante en los componentes principales del Cartel de Sinaloa con secuelas claras para la ciudadanía. Como consta en los audios que circularon esa tarde, los activos de la agrupación Guzmán exigían la incorporación de activos de la fracción de Zambada para defender a Ovidio. La negativa inicial de éstos, hasta no recibir la orden de “arriba”, tuvo como consecuencia momentos cruentos para ambos, pues sembraron un distanciamiento que, a mediano plazo, entre febrero y junio del presente año para ser precisos, dejaría verse en los encarnizados enfrentamientos en las cercanías de la Culiacán, así como en sus calles centrales y en sus periferias. Masacres en el pueblo de Tepuche y comunidades aledañas, al norte, obligaron a sus habitantes a abandonarlas por temor a ser asesinados. La división anunciada sentaba sus reales. Mientras, las incursiones del ejército fueron nimias, pues no lograron apagar el fuego de los enfrentamientos de los que aún hoy quedan resabios.

Aun año de este evento no se ha detenido a Ovidio luego de que lo dejaran escapar (FOTO: CUARTOSCURO.COM)
Aun año de este evento no se ha detenido a Ovidio luego de que lo dejaran escapar (FOTO: CUARTOSCURO.COM) (© CUARTOSCURO.COM/)

Por lo demás, las acciones de la agrupación van también en aumento. Se tiene un numeroso ejército de vigilantes, “punteros” les llaman, quienes registran la entrada de vehículos oficiales y civiles, así como de personas desconocidas a las comunidades rurales y urbanas de todo el Estado, trátese de comunidades costeras, del valle o de la sierra de Sinaloa.

Sin embargo, frente a esto, el contraste es deslumbrante, uno no puede entender las acciones altruistas del CS a favor de la población de escasos recursos, pues la labor “humanitaria” va desde la entrega de despensas, alimentos a los enfermos en hospitales, la entrega de útiles escolares con la marca familiar, los colchones para damnificados por desastres naturales, y por si fuera poco, la circulación de billetes en bancos y comercios con las siglas de JGL son muestra del poder adquirido en este año por la agrupación. La familia parece estar en paz, una paz que hacía tiempo no había tenido. Lo cual puede interpretarse como el ánimo de estar bien con la gente a la que le debe casi todo, hasta la protección.

Por su parte, al gobierno de la 4T tal vez esté más ocupado en atender la ola de protestas, quejas y críticas que se le han venido como en cadena por su singular estilo político de atender los problemas nacionales. Pero hay ciertos mensajes sutiles que mueven siempre duda, como el hecho de tender la mano, en una visita a Sinaloa y recibir una carta de peticiones de la señora madre del Chapo, signo inequívoco de que hay, al menos en la imagen, un tono de parsimoniosa paz, evidencia clara de que no existe encono y congruente también con su conocido eslogan desde que asumió la presidencia: “abrazos, no balazos”.

Las autoridades capturaron y liberaron al hijo del Chapo Guzmán (Foto: REUTERS/Jesus Bustamante)
Las autoridades capturaron y liberaron al hijo del Chapo Guzmán (Foto: REUTERS/Jesus Bustamante) (JESUS BUSTAMANTE/)

A estas alturas, nada parece anteponerse al trajinar que siempre ha caracterizado a las agrupaciones criminales locales. Tampoco hay grupos externos que pretendan apoderarse de la “plaza”, y menos según creo, desde que se vio el poderío local, tanto en armamento como en cantidad de sicarios, dispuestos a resguardarla.

Tampoco el ejército tiene la capacidad local de confrontar al hasta hoy poderoso cartel sinaloense; el número de los efectivos castrenses sigue siendo tal vez el mismo, básico, que el día funesto del culiacanazo, además, en sus objetivos no parece estar de nuevo un personaje estratégico de esta región. No veo por lo pronto la intención de querer alborotar el avispero tan escabullizo, agresivo y numeroso.

Culiacán vive ahora su cotidianidad. El mismo miedo, la misma complacencia, la misma o quizá mayor violencia que entonces. Sin embargo, desde hace días se preparan foros de discusión sobre el tema. Medios periodísticos, académicos, representantes del sector empresarial, organismos civiles están muy preocupados de que se repitan estos sucesos, por eso realizan estos foros de análisis y propuestas… menos los gobiernos local y estatal.

El hecho fue llamado como un jueves negro, la ciudad estaba sitiada (FOTO: RASHIDE FRIAS /CUARTOSCURO.COM)
El hecho fue llamado como un jueves negro, la ciudad estaba sitiada (FOTO: RASHIDE FRIAS /CUARTOSCURO.COM) (Rashide Frias/)

Tras la marcha inmediata convocada para la paz y la no violencia diez días después de los enfrentamientos no hubo ninguna otra convocatoria para expresar el sentimiento de la gente tras la crisis vivida el 17 de octubre. Necesarios estos eventos, pues sirven para expresar el coraje de una ciudadanía, que más allá de las complacencias se siente también harta de la violencia que no deja vivir en paz y de las faltas de un gobierno que muestra su ineficacia y se mueve con mentiras, confusiones, contradicciones y flaquezas, como sucedió el fatídico 17 de octubre de 2019.

*Académico de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

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La nota A un año del culiacanazo salió publicada en Infobae

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